El desenceciliador que nos desencecilie.


 

por Eva Moreno Serrano. Conservadora-Restauradora de obras pictóricas y escultóricas.

 

Un museo no es para visitar, sino para experimentar. Decir “no voy al Museo del Prado porque ya he estado, es como decir “no voy a la playa porque ya la he visto” Jorge Wagensberg.

Cuando hablamos de la necesidad de sensibilizar a la sociedad sobre valores tan importantes como la conservación y la preservación de nuestro patrimonio inevitablemente se nos viene a la cabeza el mediático caso de la anciana restauradora que convirtió en cómic nacional una imagen del Ecce Homo de una Iglesia de la localidad de Borja (Zaragoza) que puede ser complementada con otros tantos casos de sustitución de profesionales titulados y cualificados por “habilidosos” manitas que llenos de buenas intenciones se cargan irreversiblemente obras como aquella techumbre rociada con aceite quemado y queroseno para evitar un ataque de polillas en la capilla de San Cosme en Irixoa (La Coruña) o la más reciente intervención del retablo de San Xoán do Alto (Lugo), que luce una “nueva y alegre” policromía.

Una, que ya ha visto bastantes barrabasadas artístico-restaurativas de estos “amantes del arte” no deja de sorprenderse con cada caso, no tanto por el hecho en sí, pues gran parte de mi trabajo consiste en arreglar desaguisados de ayer y de hoy, por desgracia, un restaurador pasa más tiempo pensando cómo solucionar lo que otro hizo que eliminando simples huellas del tiempo. Lo que más me llama la atención, y en el caso de Borja fue del todo manifiesto, es la reacción de la sociedad ante tales atropellos. Las colas, los chistes, las redes sociales, el lucro de los mismos responsables del destrozo y de los medios de comunicación. Lo que a cualquier país le desintegraría de la vergüenza nosotros lo convertimos en negocio y cachondeo nacional. Made in Spain. Vale, España es así…pero ¿alguien se cachondearía en este país de un bosque quemado y engrandecería a su pirómano? No. Simplemente porque de pequeños nos enseñaron a valorar un árbol.

Esto me lleva a la inevitable conclusión de que la raíz de todo el problema no puede ser más que una, como en tantas otras cosas: la educación. El hilo conductor que une a la famosa Cecilia, con el lucro de su parroquia, con la cola de turistas ansiosos por retratarse con un Cristo irreconocible y con los que utilizaron la noticia mediáticamente para rellenar aburridos espacios televisivos de verano…es el mismo: la carencia de educación patrimonial en este país. Mi cabeza se llena de preguntas. ¿Por qué en España, minada de arte de arriba abajo, no existe una población suficientemente sensibilizada patrimonialmente? ¿Quién se ocupa de educarnos no sólo como ciudadanos receptores y beneficiarios de las maravillas del arte sino como cuidadores del mismo? ¿Quién vela por la cordura y la responsabilidad que “presuponemos” a los que custodian nuestras herencias? Ciertamente, nadie.

La educación patrimonial, brilla por su ausencia en los programas educativos, quedando, en la educación primaria, al albur de la sensibilidad de algún profesor amante del arte que con un poco de suerte organice una “excursión”. En secundaria la educación patrimonial queda relegada a conocimientos de historia del arte, que a su vez consiste en memorizar fechas, nombres y estilos, clasificaciones y descripciones, sin más. Tirando la casa por la ventana quizás vayamos “a pasar el día al Prado” donde las obras relucen esplendorosas como si nadie las hubiera tocado desde que Velázquez las pintó. A mí personalmente nadie me habló de lo que había en el Prado hasta los 15 años, en que descubrí una enciclopedia de arte universal en casa, que me bebí, alucinada de que nadie me hubiese contado qué era todo aquello. De repente sentí una necesidad tremenda de tocarlo todo, quizás por eso estudié Bellas Artes, ante la mirada ojiplática de todo mi entorno, claro ¿Bellas qué? Era una especie de inteligencia perdida…en España, tratamos el arte así. Por suerte mis padres me apoyaron en todo, seguramente muchos descubrieron el arte por casualidad como yo, pero no todos corrieron la misma suerte.

Hoy la sociedad ya ve el arte como un positivo complemento educativo para sus hijos. Sin saber muy bien por qué, porque para los padres el arte está lleno de símbolos y características estéticas que ni ellos mismos entienden, piensan que es cosa de expertos. Entre prohibiciones de no tocar, no hacer fotos, no hablar, imágenes que no entienden, fechas y nombres, nuestros niños van a los museos y ven un tesoro inconmensurable que no saben muy bien ni de dónde ha salido ni para qué sirve, se quedan un poco igual que llegaron, la cosa es ir, al fin y al cabo alguien decidió que el arte fuese eso en la formación de un niño.…un complemento. Pero ¿quién les enseña a vivir experiencias con lo que ven? ¿Quién les cuenta que esas obras han llegado hasta nosotros tras sufrir penosos avatares a lo largo de la historia? ¿Quién les explica de qué y cómo están hechas? ¿Cómo hay que cuidarlas? ¿Y por qué aún hoy las conservamos? ¿Quién les enseña todo lo que perdimos por el camino, lo que ya no está porque alguien se lo cargó? Y saliéndonos del Prado…más importante aún ¿quién les lleva a ver la iglesia de su pueblo, y les dice que lo que hay allí hay que cuidarlo de igual forma porque vale tanto como todo lo anterior?

¿Estamos los españoles suficientemente educados patrimonialmente? Imagen extraída de www.conmishijos.com

¿Estamos los españoles suficientemente educados patrimonialmente? Imagen extraída de www.conmishijos.com

Hemos desarrollado una alta apreciación de nuestro patrimonio, artístico, natural, arqueológico, etnográfico, etc. como bienes de consumo y ocio, a base de viajar, algo que nuestro ya maltrecho “estado del bienestar” nos ha permitido a muchos, por suerte. Todo lo que una persona conoce sobre el arte en su mayoría lo ha asimilado en viajes y experiencias vividas dentro o fuera de nuestras fronteras, visitando museos y centros artísticos que les hablan de la importancia de la conservación, pero ¿qué ocurre con los que no han tenido la suerte o la inquietud de viajar más allá de su entorno local? En las escuelas nos enseñan de memoria la tabla de elementos químicos y aprendemos a resolver ecuaciones con dos incógnitas, es más, en los últimos años desde pequeñitos nos involucran en campañas relacionadas con el medio ambiente, la salud, la educación vial, etc. sin embargo, no recibimos importantísimos conceptos relacionados con el arte, la cultura y el patrimonio común ¿por qué? Es algo verdaderamente asombroso en un país que rebosa cultura por todos lados.

Frente a la gran invasión turística de las últimas décadas se han creado campañas de sensibilización para los visitantes de nuestros monumentos, no les dejamos que toquen, ni que fotografíen, en algunos casos casi ni les dejamos respirar, pero ¿qué hay de los habitantes locales? De los que conviven con estos bienes día a día, de los que han de cuidarlos, de los que usan este patrimonio como fuente de riqueza económica, social y/o cultural. Evidentemente los grandes responsables de esta formación patrimonial son el Estado, las Comunidades Autónomas o Ayuntamientos, algo que se diluye en el reparto de competencias, y más aún, en la sensibilidad de cada gobernante autonómico y local, que hace que el azar sea el que decida sobre temas culturales en cada territorio.

Propiciar diferentes experiencias con el arte desde pequeños nos ayuda a concienciarnos de la importancia del mismo y de su conservación. Imagen extraída de www.elmundoenmimaleta.com

Propiciar diferentes experiencias con el arte desde pequeños nos ayuda a concienciarnos de la importancia del mismo y de su conservación. Imagen extraída de www.elmundoenmimaleta.com

Queda por tanto, muchísimo por hacer, especialmente en el ámbito educativo. Al menos, las instituciones públicas en mayor o menor medida han ejercido en los últimos años su papel de cuidadores de bienes culturales, creando Centros e Institutos especializados en el ámbito de la conservación y restauración del patrimonio, y mejorando estas áreas en Museos y Centros de Arte de titularidad pública. Aún queda mucho camino, especialmente en la relación e interactuación de estas instituciones con la sociedad, aumentando las campañas de sensibilización y haciendo cada vez más partícipes de ellas a educadores y centros educativos. He sido restauradora durante muchos años en instituciones públicas y aún no he visto ni a un solo niño en un taller, algo que por otro lado, seguro que les encantaría.

Podemos decir que el área pública, al menos, está en “proceso de” pero no debemos olvidar que, a diferencia de otros países, un alto porcentaje de nuestros bienes patrimoniales pertenecen a la Iglesia Católica, que como propietaria los administra e interviene de forma autónoma. ¿Quién educa y sensibiliza artística y patrimonialmente a párrocos, monjas, y demás gestores y responsables de estos numerosos bienes? Como herederos privados de estos grandes tesoros ¿no deberíamos exigirles como sociedad que sus cuidadores tengan al menos tan alta formación como les exigimos a los que opositan para entrar en las instituciones culturales públicas? Al fin y al cabo, a todos los gallegos y a su “Marca Galicia” les afecta lo que suceda dentro de la Catedral de Santiago, pongo un ejemplo, pero claro, quién le pone el cascabel al gato…

En fin, la lista de preguntas es larga. Cada cual que saque sus conclusiones. Pero ciertamente como sociedad e incluso voy más allá, como país “patrimoniodependiente”, tenemos una tarea enorme por hacer, porque en mitad de esta cruda crisis económica, el arte y el patrimonio se han revelado como importantísimas fuentes de recursos económicos, turísticos, laborales e incluso tecnológicos. No sólo nos infunde valores, nos hace reflexionar y nos hace viajar al pasado, también nos ayuda a pensar de forma visual en un mundo tecnológicamente movido por la imagen.

Leo muy pocas medidas relacionadas con este tema en los esbozos de los próximos programas electorales, es más, en los recientemente presentados Presupuestos Generales del Estado se ha recortado un 11% la partida destinada a Patrimonio y Conservación-Restauración. En total, desde 2012 se ha recortado un 42,2% en este sector (1). Creo que dedicar atención al patrimonio es dedicarlo también a la economía, puesto que de él depende en gran medida el motor turístico de nuestro país, y el aceite que debe engrasarlo todo, como en tantas otras cosas, es la educación. Espero que de entre tantas regeneraciones y cambios de uno u otro signo, llegue el desenceciliador que nos desencecilie, el que se comprometa de una vez y de forma real, remarco real, con el patrimonio público y privado, el de las grandes capitales y el rural, el de los museos estrella y el de los museos locales, el de los turistas y el de los habitantes, porque esto nos ayudará a crecer, sin duda, como sociedad, en muchísimos sentidos.

(1)   El Confidencial. “El Gobierno descarta conservar y proteger el patrimonio histórico y cultural en 2015” (última consulta 6-10-2014).

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